Crónica
Doce de diciembre: millones de pasos hacia el Tepeyac
La peregrinación a la Basílica de Guadalupe es una de las más grandes del mundo. Así se vive la noche más larga del año religioso en México.
La noche del 11 de diciembre, la calzada que lleva a la Basílica de Guadalupe deja de ser una avenida. Se convierte en un río de personas que avanza despacio, con mochilas, cobijas, imágenes de la Virgen enmarcadas y niños dormidos en brazos. Algunos llevan días caminando; otros llegaron en bicicleta, en camiones o de rodillas los últimos metros.
A la medianoche se canta Las Mañanitas. Afuera, la fila no se detiene: grupos de danzantes esperan su turno para entrar al atrio, los vendedores ofrecen café y tamales, y en las banquetas duermen familias enteras envueltas en cobijas.

Tonantzin y Guadalupe
El cerro del Tepeyac era, antes de la llegada de los españoles, un lugar dedicado a Tonantzin, «nuestra madre venerada» en náhuatl. La devoción a la Virgen de Guadalupe se construyó sobre ese mismo suelo, y en la fiesta todavía conviven las dos memorias: los concheros y danzantes con penachos de plumas bailan frente a la Basílica moderna como se baila ante un templo.

Fotografiar sin estorbar
Es una fiesta de fe, no un espectáculo. Las mejores imágenes llegan cuando se acompaña a un grupo durante horas, cuando se pide permiso y se comparte el camino. El viaje Tonantzin to New Fire dedica estos días a la peregrinación, desde el Paso de Cortés hasta el atrio.
